Historia del Catllar

El término del Catllar parece que formaba parte del territorio cedido por el conde de Barcelona, ​​Ramón Berenguer I, a Ponç de Montoliu en 1066. El 30 de abril de 1136 los hermanos Bernat y Arnau de Viver establecían un acuerdo con Ramon de Puigmoltó sobre la concesión de una cuadra al Término del Catllar. Posteriormente en el año 1186 los hermanos de Viver, junto con sus hijos de apellido Montoliu, hacían donación de los diezmos y otras cosas en la iglesia de San Juan Bautista del Catllar, en el capítulo catedral y al arzobispo de Tarragona.

La villa del Catllar fue construida sobre una colina de 59 m de altitud, en la orilla derecha del río Gaià y bajo la fortificación que alzarían los primeros señores. Desde el siglo XIV la villa era cerrada por las mismas casas que hacían de muralla y tenía un portal que daba acceso al castillo. En el siglo XVI la villa tenía tres portales. La construcción del arrabal y de la calle de Francia, a principios del siglo XVII y el XVIII, respectivamente, son expresión de un notable crecimiento urbanístico. Sin embargo, la significativa expansión del tejido urbano la descubrimos durante el siglo XIX.

Desde el siglo XIV hom habla del “término y baronía del castillo del Catllar”. Integraban su término, además de la villa, un número importante de lujo, las cuadras del Masnou y de Vespella, la Plana, el pequeño vecindad del Mas Moragues y el Argilaga, la iglesia de la que formó parte de la parroquia del Catllar hasta 1867. La población diseminada tradicional de los cortijos, importante al término del Catllar hasta el siglo XIX, desaparecerá a mitad del siglo XX, pero dejará paso a las urbanizaciones, una población diseminada aún más importante.

El señorío del Catllar permaneció en manos de los Montoliu hasta el 1344, cuando Humbert de Montoliu lo vendió a Pere de Requesens, señor de Butsènit y Bellmunt. Su hijo, Berenguer, lo vendió a Bernat de Olzinelles, tesorero y consejero del rey Pedro III el Ceremonioso, por el precio de 11.000 libras. Al 1352 este lo dio a su hijo Bernardino con ocasión de su boda. Sin embargo, en 1362 con la muerte de su hijo el haz fue heredado por Beatriz, su nieta, bajo su tutela. En 1365, a raíz de la muerte de su abuelo, Beatriz de Olzinelles fue puesta bajo el amparo real para evitar las agresiones reiteradas que experimentaban sus derechos y bienes en el Catllar. Poco después maridó con Guerau de Queralt, hijo de Dalmau I de Queralt, señor de Santa Coloma. Fue sucedida por su hija Joana de Queralt que maridó con Ramon de Castellar. En 1426, su hija Leonor contrajo primeras nupcias con Juan de Bardaxí, y, después del 1430, segundas con Arnau Roger, conde de Pallars. Del segundo matrimonio nació Leonor de Pallars que maridó con Joäo Vaz de Almada, conde de Avranches, que formaba parte del seguimiento del condestable Pedro de Portugal. El matrimonio la situó en el bando opuesto al rey Juan II en la guerra que este hacía contra la Diputación del General de Cataluña. En 1466 su madre la declaraba heredera universal siempre que retornara a la obediencia real. Esto no sucedió y los bienes fueron puestos bajo la tutela real, al menos, hasta el 1478. Durante la Guerra civil catalana (1462-72) el Catllar estuvo de parte de la Diputación del General. El castillo se convirtió en un enclave militar importante. El 1465 fue acosado por el conde de Prades, que combatía en el bando del rey, pero no consiguió de rendirle. Pocos días después su defensor, Menaut de Beaumont, lo entregó a los realistas cuando se enteró que el prior de Navarra había entregado Vilafranca del Penedès a Juan II.

El 6 de agosto de 1481, Leonor de Pallars, sin hijos, con un matrimonio difícil y cargada de deudas, donó la baronía del Catllar a su pariente Dalmau I de Queralt, varón de Santa Coloma. Sin embargo, en 1488, a pesar de la donación, la misma Leonor otorgó testamento a favor del capítulo catedral de Tarragona, que había adquirido determinados derechos sobre el Catllar gracias a unos censales empleados por su madre, Juana de Queralt. Ambas decisiones, evidentemente contradictorias, enfrentaron judicialmente a los Queralt y los canónigos tarraconenses durante todo el siglo XVI. Con todo, fue Dalmau I quien tomó posesión de la señoría del Catllar el 26 de abril de 1489. Los Queralt residieron a menudo a la ciudad hasta principios del siglo XVII, cuando su ennoblecimiento como condes de Santa Coloma, otorgado en 1599 por el rey Felipe III, los apartó del Catllar en favor de Santa Coloma de Queralt y con el tiempo de Barcelona. La pujanza de los condes de Santa Coloma, favorecidos siempre por la corona, llevó en 1638 a Dalmau III a convertirse en virrey de Felipe IV en Cataluña. Problemas económicos, mezclados con intentos desesperados de evitar la absorción total del Principado en la corona de Castilla ocasionaron su muerte el 7 de junio de 1640, Corpus de Sangre. También esta vez el Catllar alineó contra el rey. En 1641 la villa sufrió varios saqueos y vejaciones por parte de las tropas castellanas, y dentro de su término fueron atacadas las fuerzas reales de Federico Colonna, condestable de Nápoles y príncipe de Butera. El 12 de mayo de 1842 Juan Bautista María de Queralt y Silva vendió la baronía del Catllar al comerciante Vic Josep Safont, a quien debía dinero.

El 1483, con la concesión del “regimiento” por parte de Leonor de Pallars, la universidad del Catllar, documentada a mitad del siglo XIV, se estableció definitivamente como una comunidad político-jurídica, que perduró hasta 1719 con el establecimiento del primer ayuntamiento borbónico. Durante el siglo XVI los diversos núcleos de población se repartieron el poder municipal nombrando un jurado cada uno.

La economía se fundamentó básicamente sobre la agricultura, una ganadería marginal y unas menestralías significativas. Ambos redreçaments económicos importantes que la ciudad experimentó, en los siglos XVI y XVIII, estuvieron siempre relacionados con el río Gaià. En el primer caso hay que hacer notar la existencia de un molino de paños -privilegi de 1516- y de una fragua, y en el segundo, de un molino papelero. La inmigración occitana y genovesa durante el siglos XVI-XVII contribuyó notablemente al desarrollo demográfico y económico de la población. La villa en el siglo XIV contaba ya con un hospital, a principios del siglo XVI disponía de un médico, de un boticario y de un cirujano, y a finales del mismo siglo había un maestro. La población pasó de los 396 habitantes de 1358 a los 986 de 1787. El siglo XVIII, marcado todo por el crecimiento económico, se cerró el Catllar con la construcción de una nueva iglesia parroquial. La obra iniciada en 1776 fue bendecida el 28 de agosto de 1790. El 1605 fue edificada una ermita en honor de San Ramón de Penyafort.

El franceses entraron en el Catllar el 2 de enero de 1809. La población a lo largo del siglo XIX se decantó mayoritariamente a favor de los liberales. En 1827 sólo 17 vecinos participaron en la revuelta de los descontentos. Entre 1836-38 la villa sufrió la presión de las partidas carlistas, y pese a que en febrero de 1840 se estableció temporalmente un ayuntamiento carlista, el rechazo hacia aquellos impidió hasta 1851 la celebración de los funerales de sus pocos partidarios. En 1854 se restablecía la milicia nacional con una fuerza de 53 milicianos. Los levantamientos progresistas y demócratas de los años 1866 y 1867 llevaron a la destitución de dos concejales y del alcalde y teniente de alcalde, respectivamente, por parte del gobernador civil. El 2 de octubre de 1868 una junta de gobierno provisional local proclamó el Catllar la Gloriosa. Las primeras elecciones democráticas municipales se celebraron en El Catllar los días 19-21 de diciembre de 1868. La I República fue proclamada el día 12 de febrero de 1873. Inmediatamente los esfuerzos se dirigieron a la fortificación de la ciudad para evitar los ataques carlistas. En 1871 se creó el registro civil y se celebró el primer matrimonio civil.

En 1891 se fundó el Catllar un partido republicano-federal. La organización campesina empezó con la fundación en 1893 de una Sociedad de trabajadores agrícolas, y se concretó posteriormente, el 17 de junio de 1901, con el establecimiento de la Sociedad agrícola. Su fundador, Pau Solé y Mensa, fue asesinado, en extrañas circunstancias, y su cadáver quemado, posiblemente por cuestiones sociales. En 1907 se fundaba una “Sociedad cooperativa Sindicato Agrícola de Credito”, y en 1912 el “Fomento Agrario” que agrupaba a los propietarios y elementos de derecha del pueblo. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, con una participación del 81’35% de los votantes, otorgaron la mayoría absoluta a los republicanos federales. La República fue proclamada el 15 de abril de 1931. El 2 de agosto del Estatuto de Cataluña fue aprobado por el 82’1% del electorado. Los hechos del 6 de octubre de 1934 llevaron al alcalde y a un concejal, de ERC, y siete individuos más a ser encarcelados en el barco del puerto de Tarragona. Desde 1931 el conflicto rabassaire enfrentó a los propietarios con los aparceros, durante el bienio negro (1934-36) fueron frecuentes los desahucios de tierras. A pesar de la conflictividad social de la época hay que señalar la escasa incidencia de la represión durante la guerra y la posguerra, sólo 2 y 3 asesinatos, respectivamente. Las tropas franquistas ocuparon la villa del Catllar el 15 de enero de 1939. El 15 de diciembre de 1976 el 96’12% de los votantes catllarencs se mostró partidario de la reforma política. La constitución de 1978 fue aprobada por el 66’66% de los electores, y el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979 fue también aprobado por 88’1% de los sufragios.

Manuel M. Fuentes y Gasó

Arqueología

POBLADO PROTOHISTÓRICO DE LA ERA DEL CASTILLO

Se trata de un importante núcleo de hábitat protohistórico, situado frente al castillo de la villa, que se corresponde al período cronológico comprendido entre el siglos VIII y V aC, correspondientes a la época del bronce final y la primera edad del hierro. Se trata de un asentamiento importante, ya que los 250 m2 excavados hasta el momento son sólo una parte del poblado, que se extiende hacia el oeste de la colina y hacia la zona ocupada por el castillo. La fase del poblado mejor conocida pone de manifiesto la construcción de viviendas y almacenes de piedra, de forma rectangular, dispuestos en tres baterías. La organización era notable, pues contaban con desagüe de las aguas pluviales en uno de los dos calles principales. Estos restos son visibles desde las torres del castillo, de donde se obtiene una perspectiva diferente en la observación de estos elementos del patrimonio.

LA CATIVERA

Yacimiento en abrigo situado cerca del río Gaià, en la confluencia con el barranco de la Cativera, con una secuencia estratigráfica excepcional para el conocimiento de la etapa de transición de las últimas sociedades de cazadores-recolectores a las sociedades productivas, del paleolítico superior al neolítico (epipaleolític), a nivel de Cataluña. Queda pendiente de nuevas excavaciones para determinar su alcance.

POBLADO DE LOS MANOU

Coincidente en la época con el de la Cativera, su actividad se concentraría en las últimas fases del Epipaleolítico. Se trata de un yacimiento al aire libre y de importancia menor respecto de la anterior, para que los restos encontrados han sido en superficie y no hay constancia de objetos en estratos inferiores. También se han encontrado muestras cerámicas del período íber. Situado al sur este del término municipal, sobre una colina que actúa como divisoria de aguas de los barrancos que desembocan en el Francolí y del barranco de las Almas que desemboca directamente al Mediterrà.

LOS VINYETS

Se ha localizado los restos de población humana más antiguas documentadas en el municipio, datado entre 175.000 y 350.000 años, correspondientes al período del pleistoceno mediano. Ha sido objeto de diversas excavaciones dirigidas por el laboratorio de Arqueología de la Universidad Rovira y Virgili, con la colaboración de la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento. Está situado en un antiguo meandro del Gaià, al norte del núcleo urbano.

El Ayuntamiento

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